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ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA

quiere ser una página en clave humanista y cristiana, donde encontrarás material

que puede ser de tu interés.




LAS PATRONAS DE EUROPA PROCLAMADAS POR SAN JUAN PABLO II.







LAS PATRONAS DE EUROPA PROCLAMADAS POR SAN JUAN PABLO II.

San Juan Pablo II presentó a tres grandes mujeres, de distintas épocas y lugares, como Patronas de Europa: Santa Teresita Benedicta de la Cruz (Santa Edith Stein), Santa Catalina de Siena y Santa Brígida de Suecia.

ESPECIAL: BORBOTONES DE SANTIDAD.







 ESPECIAL: BORBOTONES DE SANTIDAD.

  La santidad lleva al ser humano más allá incluso de la meta moral que consiste en construir un «hombre auténtico y realizado».

   Los santos palpan de vez en cuando la perfección suprema de Dios y nos recuerdan a los humanos que el mal puede ser vencido solamente con sacrificio, constancia y confianza.

ESPECIAL: EL ESPÍRITU SANTO.







            ESPECIAL: EL ESPÍRITU SANTO.

    Sin el Espíritu Santo no habría Iglesia ni apostolado, no habría fe ni reconoceríamos a Dios como Padre de todos ni a Jesucristo como el Salvador.  
    En los Hechos de los Apóstoles, se nos dice que “estaban todos reunidos” y todos reciben los dones del Espíritu Santo: es toda la Iglesia la que recibe el don del Espíritu para poder vivir nuestra vocación y carisma concreta en beneficio de la misma comunidad.
    En Pentecostés se invierte el dinamismo de Babel: Babel fue la dispersión y la división, Pentecostés es la comunión, el amor y el entendimiento.

 

BEATO BARTOLOMÉ BLANCO.







             BEATO BARTOLOMÉ BLANCO. 

  El Beato Bartolomé es el Patrono de la Pastoral Juvenil en Córdoba. Descubre unas cartas maravillosas escritas antes de morir.

   El 24 de Septiembre del 1936, Bartolomé fue trasladado a Jaén donde fue sometido a un juicio rapidísimo.

    La sentencia llegó el 29 de Septiembre: condena a muerte.

        Le quedaban tres días antes de ser fusilado.

      El Beato Bartolomé Blanco desde la cárcel de Jaén escribió  a su familia y a su novia Maruja unas  cartas que están llenas de perdón, comprensión, fe y esperanza.

       ¡¡Te conmoverá!!!

1.-EL BEATO BARTOLOMÉ BLANCO ESCRIBE UNA CARTA A SU FAMILIA DESDE LA CÁRCEL DE JAÉN.

     Prisión Provincial de Jaén 1º de Octubre 1936:

     Queridas tías y primos: Cuando me faltan horas para gozar de la inefable dicha de los bienaventurados, quiero dedicaros mi último y  postrer recuerdo con esta carta.

     ¡Qué muerte tan dulce la de este perseguido por la justicia! Dios me hace favores que no merezco proporcionándome esta gran  alegría de   morir en su Gracia.

     He encargado el ataúd a un funerario y arreglado para que me  entierren en nicho; ya os comunicarán el número de dicho nicho.

     Hago todas estas preparaciones con una tranquilidad absoluta; y claro está que esto que sólo puede conseguirse por mis creencias cristianas, os lo explicaréis aún mejor cuando os diga que estoy acompañado de quince   sacerdotes que endulzan mis últimos momentos con sus consuelos.

     Miro a la muerte de frente, y no me asusta, porque sé que el Tribunal de Dios jamás se equivoca y que invocando la Misericordia Divina conseguiré el perdón de mis culpas por los  merecimientos de la Pasión de Cristo.

     Conozco a todos mis acusadores; día llegará que vosotros  también los conozcáis, pero en mi comportamiento habéis de encontrar ejemplo, no por ser mío, sino porque muy cerca de la muerte me siento también muy próximo a Dios Nuestro Señor, y mi comportamiento con respecto a mis acusadores es de misericordia y perdón.

    Sea ésta mi última voluntad: perdón, y perdón; pero indulgencia que quiero vaya  acompañada del deseo de hacerles todo el bien posible. Así pues, os pido que me         venguéis con la venganza del cristiano:devolviéndoles   mucho bien a quienes han   intentado hacerme mal.

     Si algunos de mis trabajos (fichas, documentos, artículos, etc.), interesaran a alguien y pudieran servir para propagación del   catolicismo, entregárselos y que los use en provecho de la Religión.

     No puedo dirigirme a ninguno de vosotros en particular, porque sería interminable. En general sólo quiero que continuéis como siempre:   comportándoos como buenos católicos. Y sobre todo a mi ahijadita  tratadla con el mayor esmero en cuanto a educación; yo que no puedo cumplir este deber de padrinazgo en la tierra, seré su padrino desde el  cielo e imploraré porque sea modelo de mujeres católicas y españolas.

     Si cuando las circunstancias lleguen a normalizarse podéis, haréis lo posible porque mis restos sean trasladados con los de mi madre; si ello  significa un sacrificio grande, no lo hagáis.

     Y nada más; me parece que estoy en uno de mis frecuentes viajes y  espero encontrarme con todos en el sitio a donde embarcaré  dentro de poco: en el cielo.

     Allí os espero a todos y desde allí pediré por vuestra salvación. Os    sirva de tranquilidad el saber que la mía, en las últimas horas, es absoluta por mi confianza en Dios.

     Hasta el cielo. Os abrazo a todos. Bartolomé.

2.-EL BEATO BARTOLOMÉ BLANCO ESCRIBE UNA CARTA A SU NOVIA DESDE LA CÁRCEL DE JAÉN.

     El Beato Bartolomé Blanco desde la cárcel de Jaén escribió  a su  novia Maruja el 1 de Octubre.

        Esta carta  está llena de amor, perdón, comprensión, fe y esperanza.

            ¡¡Te conmoverá!!!

 

Maruja del alma:

    Tu recuerdo me acompañará a la tumba y mientras haya un latido en mi corazón, éste palpitará en cariño hacia ti. Dios ha querido sublimar estos afectos terrenales ennobleciéndolos cuando los amamos en Él. Por eso aunque en mis últimos días Dios es mi  lumbrera y mi anhelo, no  impide para que el recuerdo de la persona más querida me    acompañe hasta la hora de la muerte.

     Estoy asistido por muchos sacerdotes que cual bálsamo benéfico van derramando los  tesoros de la Gracia  dentro de mi alma, fortificándola; miro la muerte de cara y en  verdad te digo que ni me asusta ni la temo.

     Mi sentencia en el tribunal de los hombres será mi mayor defensa ante el Tribunal de Dios; ellos, al querer  denigrarme, me han   ennoblecido; al querer sentenciarme, me han  absuelto y, al intentar perderme, me han salvado. ¿Me entiendes?… Claro está, puesto que al maltratarme me dan la verdadera vida y al condenarme por       defender siempre los altos ideales de Religión, Patria y Familia, me abren de para en par las puertas de los cielos.

     Mis restos serán inhumados en un nicho de este cementerio de Jaén; cuando me quedan pocas horas para el definitivo reposo, sólo quiero       pedirte una cosa: que en recuerdo del amor que nos tuvimos y que en este instante se acrecienta, atiendas como objetivo principal a la salvación de tu alma, porque de esa manera conseguiremos reunirnos en el cielo para toda la eternidad, donde nada nos separará.

          Hasta entonces pues, Maruja de mi alma. No olvides que desde el cielo te miro y procura ser       modelo de mujeres  cristianas, pues al final de la partida de nada sirven los bienes y goces  terrenales si no acertamos a salvar el  alma.

     Un pensamiento de  reconocimiento para toda tu familia y para ti todo mi amor sublimado en las horas de la muerte. No me olvides, Maruja mía y que mi recuerdo te sirva siempre para tener presente que existe otra vida mejor y que el conseguirla debe ser la máxima aspiración.

           Sé fuerte y rehace tu  vida, eres joven y buena y tendrás la ayuda de Dios que yo imploraré desde su Reino.

      Hasta la eternidad, pues, donde continuaremos amándonos por los siglos de los siglos. Bartolomé.


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¿QUÉ ES LA IGLESIA Y QUIÉNES LA FORMAMOS?

05




 

¿QUÉ ES LA IGLESIA Y QUIÉNES LA FORMAMOS?

Reconoce qué es la Iglesia y quiénes la formamos. Todos los bautizados somos la Iglesia.

LA IGLESIA Y QUIÉNES LA FORMAMOS

COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Los fieles: jerarquía, laicos, vida consagrada 177.

¿Quiénes son los fieles? 871-872

Los fieles son aquellos que, incorporados a Cristo mediante el Bautismo, han sido constituidos miembros del Pueblo de Dios; han sido hecho partícipes, cada uno según su propia condición, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, y son llamados a llevar a cabo la misión confiada por Dios a la Iglesia. Entre ellos hay una verdadera igualdad en su dignidad de hijos de Dios. 178.

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ENTRAÑAS COMPASIVAS DE DIOS.







           ENTRAÑAS COMPASIVAS DE DIOS.

Una lista de vídeos para descubrir la compasión y la misericordia de Dios. Dios tiene entrañas compasivas y misericordiosas como nos lo ha revelado Jesús de Nazaret. 

SANTA TERESITA BENEDICTA DE LA CRUZ-EDITH STEIN.







SANTA TERESITA BENEDICTA DE LA CRUZ-EDITH STEIN.

San Juan Pablo II presentó a tres grandes mujeres, de distintas épocas y lugares, como Patronas de Europa: Santa Teresita Benedicta de la Cruz (Santa Edith Stein), Santa Catalina de Siena y Santa Brígida de Suecia.

ESPECIAL SAN JOSÉ: PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL.







ESPECIAL SAN JOSÉ: PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL.

    Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»[1].

    Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió.

    Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.

    Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Como se sabe, en los pueblos antiguos poner un nombre a una persona o a una cosa significaba adquirir la pertenencia, como hizo Adán en el relato del Génesis (cf. 2,19-20).

    En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en el pequeño y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea —de donde, se decía: “No sale ningún profeta” y “no puede salir nada bueno” (cf. Jn 7,52; 1,46)—, lejos de Belén, su ciudad de origen, y de Jerusalén, donde estaba el templo. Cuando, durante una peregrinación a Jerusalén, perdieron a Jesús, que tenía doce años, él y María lo buscaron angustiados y lo encontraron en el templo mientras discutía con los doctores de la ley (cf. Lc 2,41-50).

    Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX  lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica»[2], el venerable Pío XII  lo presentó como “Patrono de los trabajadores”[3] y san Juan Pablo II II como «Custodio del Redentor»[4]. El pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte»[5].

    Por eso, al cumplirse ciento cincuenta años de que el beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1870, lo declarara como Patrono de la Iglesia Católica, quisiera —como dice Jesús— que “la boca hable de aquello de lo que está lleno el corazón” (cf. Mt 12,34), para compartir con ustedes algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana. Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia, en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que «nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos»[6]. Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud.

ESPECIAL: MARÍA DE NAZARET.







  ESPECIAL: MARÍA DE NAZARET.

Lo que la Iglesia enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.

Dios quiere la libre cooperación de la criatura. “Cómo puede ser esto, pues no conozco varón” (Lc 1,26ss)

La desobediencia de Eva contrasta con la disponibilidad de María “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,26ss)

María, una mujer de fe. “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre…¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?…Dichosa tú que has creído” (Lc 1,39ss)

María, una mujer en búsqueda. “Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? Tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc 2,48-50)

Ella señala siempre a Cristo. “Haced lo que os diga”(Jn 2,3ss)

María, madre espiritual de los creyentes “Mujer, ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,ss)

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LA PROFESIÓN DE FE DE LA IGLESIA CATÓLICA.







LA PROFESIÓN DE FE DE LA IGLESIA CATÓLICA.

 Lo que unifica a la Iglesia Católica es el Credo.La fe recibida en el Bautismo necesita ser profesada, celebrada, vivida y orada.Seguro que recitar la profesión de la Iglesia te refortalecerá la fe en Cristo.