Los santos misioneros cordobeses  son “Brújulas en el Camino de la Evangelización”

Los santos misioneros cordobeses  son “Brújulas en el Camino de la Evangelización”

         Los santos misioneros son “Brújulas en el Camino de la Evangelización” y “Veredas para la Misión”. 

        No olvides a estos grandes misioneros: San Francisco Solano, San Francisco Javier, Santa Teresita del Niño Jesús, Santo Domingo de Henares, Beato Nicolás María Alberca. 

       ¡Conoce la vida de estos grandes misioneros!

SAN FRANCISCO SOLANO

San Francisco Solano es uno de los mejores ejemplos de animación misionera. Francisco Solano, llamado “el Taumaturgo del nuevo mundo”, por la cantidad de prodigios y milagros que obtuvo en Sudamérica, nació en 1549, en Montilla, España. Su padre era alcalde de la ciudad, y desde muy pequeño se caracterizó por su habilidad en poner paz entre los que se peleaban. Cuando había algún duelo a espada, bastaba que Francisco corriera a donde los combatientes a suplicarles que no se pelearan más, para que hicieran las paces. Estudió con los Jesuitas, pero entró a la comunidad Franciscana porque le atraían mucho la pobreza y la vida tan sacrificada de los religiosos de San Francisco. Los primero años de sacerdocio los dedicó a predicar con gran provecho en el sur de España. Sus sermones no tenían nada de rebuscado ni de elegante, pero llegaban hasta el fondo del corazón de los pecadores y conseguían grandes conversiones. Es que rezaba mucho antes de cada predicación.

LABOR MISIONERA INCANSABLE

Fray Francisco Solano recorrió el continente americano durante 20 años predicando, especialmente a los indios. Pero su viaje más largo fue el que tuvo que hacer a pie, con incontables peligros y sufrimientos, desde Lima hasta Tucumán (Argentina) y hasta las pampas y el Chaco Paraguayo. Más de 3,000 kilómetros y sin ninguna comodidad. Sólo confiando en Dios y movido por el deseo de salvar almas. Y le sucedió en aquel gran viaje misionero, que lograba aprender con extraordinaria facilidad los dialectos de aquellos indios a las dos semanas de estar con ellos. Y le entendían todos admirablemente sus sermones. Sus compañeros misioneros se admiraban grandemente de este prodigio y lo consideraban un verdadero milagro de Dios. Pero lo más admirable es que las tribus de indios, aun las más belicosas, y opuestas a los blancos, recibían los sermones del santo con una docilidad y un provecho que parecían increíbles. Dios le había concedido la eficacia de la palabra y la gracia de conseguir la simpatía y buena voluntad de sus oyentes. Fray Francisco llegaba a las tribus más guerreras e indómitas y aunque al principio lo recibían al son de batalla, después de predicarles por unos minutos con un crucifijo en la mano, conseguía que todos empezaran a escucharle con un corazón dócil y que se hicieran bautizar por centenares y miles.

MISIÓN INFATIGABLE

San Francisco Solano misionó por más de 14 años por el Chaco Paraguayo, por Uruguay, el Río de la Plata, Santa Fe y Córdoba de Argentina, siempre a pie, convirtiendo innumerables indígenas y también muchísimos colonos españoles. Su paso por cada ciudad o campo, era un renacer del fervor religioso. Un día en el pueblo llamado San Miguel, estaban en un toreo, y el toro feroz se salió del corral y empezó a cornear sin compasión por las calles. Llamaron al santo y éste se le enfrentó calmadamente al terrible animal. Y la gente vio con admiración que el bravísimo toro se le acercaba a Fray Francisco y le lamía las manos y se dejaba llevar por él otra vez al corral.

ÚLTIMOS AÑOS EN LIMA

Por orden de sus superiores, los últimos años los pasó Fray Francisco en la ciudad de Lima predicando y convirtiendo pecadores. Entraba a las casas de juegos y hacía suspender aquellos vicios y llevaba a los jugadores a los templos OCURRIÓ EN UNA MISA Un día estando predicando en una misa empezó a temblar. Las gentes quisieron salir huyendo, pero él les dijo: “Si piden perdón a Dios, no les sucederá nada malo”. Todos pidieron perdón y nada malo sucedió aquel día allí. Otro día en pleno sermón exclamó: “Por las maldades de estas gentes, todo lo que está a mi alrededor será destruido y no quedará sino el sitio desde donde estoy predicando”. Y así sucedió años después. llegó un terremoto y destruyó el templo y todos los alrededores, y el único sitio que quedó sin que le pasara nada, fue aquel desde donde el santo había predicado.

MUERTE

En mayo de 1610 empezó a sentirse muy débil. Los médicos que lo atendían se admiraban de su paciencia y santidad. El 14 de julio del 1610 falleció exclamando: ” “Que Dios sea glorificado”

 

SANTO DOMINGO DE HENARES

 

 Los santos misioneros cordobeses son nuestra brújula en la misión.

Uno de ellos es Santo Domingo de Henares, natural de Baena. Nació el 19 de diciembre de 1766, en la localidad de Baena, Córdoba. Fue bautizado en la Parroquia de San Bartolomé el 21 de diciembre del mismo año. Tomó el hábito de fraile dominico el día 30 de agosto de 1783 y profesó un año después. Asignado a las Misiones que la Provincia del Rosario tiene en Extremo Oriente, parte de Cádiz en septiembre de 1785 rumbo a Puerto Rico de Cuba, México y Filipinas a donde desembarca el 9 de julio de 1786. El 30 de este mismo mes y año se une a los cursos de la Universidad de Santo Tomás de Manila, en la que concluirá sus estudios, al mismo tiempo que imparte clases de Humanidades. A finales del año 1789 se ordena presbítero y es destinado a las Misiones de Tonkín (hoy al norte del Viet Nam) donde consigue llegar el 28 de octubre de 1790. El 9 de enero de 1802 es consagrado obispo. Es detenido y preso el 9 de junio de 1838. Después de varios interrogatorios fue sentenciado a muerte. El rey aprobó la sentencia el 19 de junio y el 25 de ese mismo mes, a la una de la tarde, fue decapitado. Es declarado Beato por León XIII el 27 de mayo de 1900 y canonizado por Juan Pablo II el 19 de junio de 1988.

 

 

 

 

BEATO NICOLÁS MARÍA ALBERCA

El beato Nicolás María Alberca, natural de Aguilar de la Frontera, es uno de los grandes misioneros cordobesas. Él nos estimula en la misión

 

 

 

 

 

 

 

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