LA CIENCIA ACTUAL NO DESCARTA A DIOS

LA CIENCIA ACTUAL NO DESCARTA A DIOS

 
    La ciencia actual, cada día más honesta en sus planteamientos, ha superado con creces cualquier pretensión de presagiar el final de la Religión como enemiga del progreso, de los planteamientos científicos y de la propia realización del hombre.
        Alfredo Kastler, premio Nobel de Física, declaraba en el año 1968: “La idea de que el mundo, el universo material, se ha creado a sí mismo, me parece absurda. Para un físico, un solo átomo es tan complicado, supone tal inteligencia, que un universo puramente materialista carece de sentido… Yo no concibo el mundo sino con un Creador infinitamente inteligente…”
        John B. Haldane, famoso genetista británico, profesor de Cambridge, afirma que el origen de la vida es imposible sin un Ser Inteligente preexistente. La vida no se ha formado por causalidad, sino que se basa en leyes bien precisas”.
         Wittgenstein, que afirmaba que las fórmulas religiosas de fe no pasaban de ser para él hipótesis no empíricas, trabajó como enfermero en un hospital en Londres y renunció a su Cátedra, trató de defender la Religión contra sus detractores positivistas más radicales. Afirmaba que la Religión afecta también a nuestros pensamientos y acciones. Él argumentaba que “…en el mundo hay algo problemático, lo que llamamos sentido. Y que este sentido no está en él, sino fuera de él… Al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo podemos llamarlo Dios”.
      Esta tendencia direccional de la realidad, que parece cada día más consensuada por la comunidad científica, encaja perfectamente con la búsqueda de sentido global último de la propia existencia, de la propia realidad en su conjunto y del curso de la historia; realidades que son en el fondo la dimensión religiosa de todo ser humano.
 

  

 

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QUEBRADA EN SU INCREDULIDAD

QUEBRADA EN SU INCREDULIDAD

En cierta ocasión se celebraba en una Parroquia el entierro de un hombre que había sido muy piadoso. La familia estaba muy apenada. Se respiraba en el ambiente dolor y tristeza, angustia y desesperación.
Un joven se preguntó si los cristianos tenían una actitud diferente ante la muerte que el resto de los ciudadanos y si realmente con estas actitudes desesperadas cuestionaban a alguien en esta sociedad. Y recordó el impacto que tuvo Edith Stein, aún atea, cuando fue a visitar a la joven viuda de su amigo Adolf Reinach, la Señora Anne Reinach, que se habían bautizado poco antes en la Iglesia evangélica.
Edith encontró en Anne Reinach una aceptación de la muerte de su marido que la zarandeó interiormente. Ella como filósofa había encontrado siempre ante la muerte dolor, sufrimiento, desesperación, misterio, y sin embargo su amiga transmitía paz y serenidad interior, fundamentada en el Dios de Jesucristo.
Tal fue el impacto existencial de aquel encuentro con su amiga, que años más tarde, Edith comentaba: “Fue el momento en que se quebró mi incredulidad, palideció el judaísmo y apareció Cristo: Cristo en el misterio de la Cruz”.

 

 

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EL AMOR CON MAYÚSCULAS: DIOS

Dios es el amor con mayúsculas y la esencia misma de la vida. Cada uno de los humanos somos “su debilidad” y la razón de su amor para con el mundo.
Dios ha pintado tu nombre en las paredes de la luna y ha susurrado al viento que te quiere y desea hacer una historia de amor contigo, una aventura de salvación con tu vida. Él ha donado a la historia de un deseo de sentido que va desde tu existencA02jesusyelmayia hasta lo último creado para que tú seas feliz y consigas que el mal sea triturado y vencido

GRACIAS, SEÑOR

Graciatelefonos, Dios de los mil nombres, por el teléfono e internet que nos hacen sentir muy cerca de las personas que están lejos, que nos hacen palpar en segundos que la distancia no está en los kilómetros sino en unas miradas con rabia y unos labios mudos.

Gracias, Señor, que nos haces sentir en el día la grandeza de los inventos humanos a favor del progreso y de la calidad de vida.

Hoy, Señor, cogiendo el teléfono, y usando Internet, he comprendido que el hombre es grande porque participa de Ti, verdadero creador de todo lo que existe.

El Dios en quien creemos

Decía el te027ólogo W. Pannenberg que “los cristianos sólo conocemos a Dios tal como éste se nos ha revelado en Jesús”.

El Dios en quien creemos en un Dios que no pide, sino que da; que no humilla, sino que levanta; que no hiere, sino que cura; que no niega, sino que afirma; que no entristece, sino que alegra; que no condena, sino que perdona; que no castiga, sino que redime y libera; que no adormece, sino que despierta.

El Dios en quien creemos encuentra más alegría en un solo pecador que se convierta que en 99 justos que no necesitan convertirse.