QUEBRADA EN SU INCREDULIDAD

QUEBRADA EN SU INCREDULIDAD

En cierta ocasión se celebraba en una Parroquia el entierro de un hombre que había sido muy piadoso. La familia estaba muy apenada. Se respiraba en el ambiente dolor y tristeza, angustia y desesperación.
Un joven se preguntó si los cristianos tenían una actitud diferente ante la muerte que el resto de los ciudadanos y si realmente con estas actitudes desesperadas cuestionaban a alguien en esta sociedad. Y recordó el impacto que tuvo Edith Stein, aún atea, cuando fue a visitar a la joven viuda de su amigo Adolf Reinach, la Señora Anne Reinach, que se habían bautizado poco antes en la Iglesia evangélica.
Edith encontró en Anne Reinach una aceptación de la muerte de su marido que la zarandeó interiormente. Ella como filósofa había encontrado siempre ante la muerte dolor, sufrimiento, desesperación, misterio, y sin embargo su amiga transmitía paz y serenidad interior, fundamentada en el Dios de Jesucristo.
Tal fue el impacto existencial de aquel encuentro con su amiga, que años más tarde, Edith comentaba: “Fue el momento en que se quebró mi incredulidad, palideció el judaísmo y apareció Cristo: Cristo en el misterio de la Cruz”.

 

 

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IMÁGENES DE DIOS QUE DEFORMAN SU EXISTENCIA

IMÁGENTintoretto.La creación de los animalesES DE DIOS QUE DEFORMAN SU EXISTENCIA

1.-No pienses que Dios es un rival del hombre que disputa su gloria y aniquila su responsabilidad en este mundo.
2.-No creas que Dios es un enemigo para la andadura de la humanidad que es necesario eliminar para acabar con la miseria y la explotación en el devenir histórico de la humanidad.
3.-No creas que Dios es un “imposible del absurdo” y que la misma existencia es un absurdo, avocada a la nada y al vacío.
4.-No te convenzas que no necesitamos a Dios simplemente porque podemos solucionar algunos problemas sin referencia a Él y a la oración.
5.-No pienses que Dios queda lejos porque tu vida cotidiana está demasiada enmarcada en lo inmediato y en lo material.
6.-Piensa que el hombre es un “ser antológicamente religado” (Xavier Zubiri), que necesita de un “Tú Absoluto” para llenar esta exigencia radical del propio hombre.