QUEBRADA EN SU INCREDULIDAD

QUEBRADA EN SU INCREDULIDAD

En cierta ocasión se celebraba en una Parroquia el entierro de un hombre que había sido muy piadoso. La familia estaba muy apenada. Se respiraba en el ambiente dolor y tristeza, angustia y desesperación.
Un joven se preguntó si los cristianos tenían una actitud diferente ante la muerte que el resto de los ciudadanos y si realmente con estas actitudes desesperadas cuestionaban a alguien en esta sociedad. Y recordó el impacto que tuvo Edith Stein, aún atea, cuando fue a visitar a la joven viuda de su amigo Adolf Reinach, la Señora Anne Reinach, que se habían bautizado poco antes en la Iglesia evangélica.
Edith encontró en Anne Reinach una aceptación de la muerte de su marido que la zarandeó interiormente. Ella como filósofa había encontrado siempre ante la muerte dolor, sufrimiento, desesperación, misterio, y sin embargo su amiga transmitía paz y serenidad interior, fundamentada en el Dios de Jesucristo.
Tal fue el impacto existencial de aquel encuentro con su amiga, que años más tarde, Edith comentaba: “Fue el momento en que se quebró mi incredulidad, palideció el judaísmo y apareció Cristo: Cristo en el misterio de la Cruz”.

 

 

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