III DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO C. 

III DOMINGO DE ADVIENTO. CICLO C. 

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA:  

     El Señor está cerca. Va a venir a salvarnos, a darnos la paz, a decirnos que Dios nos ama. Por eso brota la alegría en nuestro corazón. .

   Vamos a celebrar la eucaristía. En ella nos unimos a todos cuantos creen en Jesús y le aman. Con esta alegría comencemos nuestra celebración.

 

ACTO PENITENCIAL:

1.- Jesús, tú quieres que estemos siempre alegres. A veces nuestro egoísmo nos pone tristes. Señor, ten piedad.

2.- Jesús, tú quieres que tengamos siempre contento a nuestro Padre Dios. A veces le decimos No y le tenemos disgustado. Cristo, ten piedad.

3.- Jesús, tú quieres que alegremos a los demás. A veces con nuestra conducta los hemos puesto triste. Señor, ten piedad.

 

   MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Sof 3, 14-18):

   La hija de Sión es Jerusalén, es el pueblo de Dios. El profeta nos invita a una alegría grande y profunda, toda la que quepa en el corazón.

            La razón de semejante mensaje es que Dios está en medio de ti para salvarte y para amarte. El lucha a tu favor como un guerrero victorioso. Él se complace en ti como un enamorado.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (Flp 4, 4-7): 

El apóstol Pablo nos invita a la alegría, pero no a una alegría cualquiera, sino a la que viene del Señor. Es una alegría difícil de explicar y de medir, porque es fruto del Espíritu. Es puna alegría estable, mesurada, confiada y agradecida. Tiene que ver con la paz de Dios, que sobrepasa todo juicio. Tiene que ver con la gracia de Dios, que ilumina nuestras mentes y enciende nuestros corazones.

MONICIÓN AL EVANGELIO (Lc 3, 10-18):

            La predicación de Juan levantó la expectación del pueblo. Algo nuevo va a suceder y será maravilloso. Quizá se acerquen los tiempos del Mesías. Juan exigía justicia y caridad, respeto y no-violencia. Estaba en la línea de los grandes profetas. Pero lo más novedoso era el anuncio de otro que viene y es más que yo y puede más que yo. Viene como un fuego que purifica y una lluvia de Espíritu. Cuando venga todo se renovará.

PETICIONES: (Respondemos: Escucha, Señor, nuestra oración).

1.- Por la Iglesia de Jesucristo. Que ella sea instrumento de felicidad y de alegría para todos los hombres. Oremos.

2.- Por los que sufren y viven tristes, por los hambrientos y los marginados de la tierra, para que el Señor les consuele y les dé abundancia de sus dones. Oremos.

3.- Por los huérfanos, las viudas, los hombres solos. Que el Señor cambie nuestra tristeza en gozo y abra el corazón de los cristianos a la solidaridad y al amor. Oremos.

4.- Por nosotros, para que sintamos la salvación de Dios y que nos convierta en este tiempo del adviento. Oremos.

MONICIÓN A LAS OFRENDAS: 

Señor, te ofrecemos el pan y el vino, fruto de la tierra, y con ellos nuestra vida. Modélala según tu proyecto de salvación.

 

MEDITACIÓN

1.-Gracias, Señor, porque podemos ser fuertes.

Gracias, Señor, porque podemos ser sinceros.

Gracias, Señor, porque somos alegres.

2.-Gracias, Señor, por la vida que nos das.

Gracias, Señor, porque nos quieres libres.

 Gracias, Señor, porque nos das responsabilidades.

3.-Gracias, Señor, porque somos capaces de tener amigos.

 Gracias, Señor, porque así podemos hacer un mundo de hombres y mujeres hermanos.

 

Pautas de la Homilía.

 

 

INICIO.  

Hoy, en este Tercer Domingo de Adviento, se nos invita y se nos anuncia a “estar siempre alegres en el Señor”.

DESARROLLO:   

   Bien es cierto, que vivimos tiempos de crispación y hasta de desaliento . Hay una lista interminable de razones para el desaliento y la tristeza: la violencia que no cesa en muchos rincones de la tierra, la injusticia que cubre la vida de millones de personas, la indiferencia ante la Buena Noticia del Evangelio de nuestra sociedad satisfecha en sus propias redes, la insolidaridad ante el pobre y desvalido… Tantas razones para el desaliento y la tristeza.

            Pero hoy, se nos anuncia la alegría como lo hizo Sofonías y Pablo en otro tiempo, porque, como dijo San Juan Crisóstomo: “La verdadera alegría se encuentra en el Señor. Las demás cosas, a parte de ser mudables, no nos proporcionan tanto gozo que puedan impedir la tristeza ocasionada por otros avatares en cambio, el temor de Dios la produce indeficiente porque teme a Dios como se debe a la vez que teme confía en Él y adquiere la fuente del placer y el manantial de toda alegría”

            El profeta Sofonías se sitúa históricamente en el periodo del rey Josías, Judá está sometida a los asirios, invadida por prácticas llenas de injustita; el pueblo vive un eclipse moral, político y social. Y, sin embargo, anuncia la alegría de Dios a una ciudad amenazada por la catástrofe: Dios llega y trae la redención; Él será paz y gozo para el pueblo angustiado. La llegada de Yahvé es como la llegada de un día de fiesta para todas las gentes.  ¡Canta himnos, hija de Sión, alégrate, Israel, regocíjate y goza de todo corazón, hija de Jerusalén!   15 El Señor ha retirado la sentencia que pesaba contra ti,ha alejado a tus enemigos; el Señor, rey de Israel, está en medio de ti; no tienes que temer ya ningún mal.

            El apóstol Pablo se encuentra en una situación extrema y de grave amenaza. Está en la cárcel. Y frente a la tristeza porque él está preso propone la alegría porque el Señor viene; y frente a la vida sin medida ni moderación propone mesura y templanza. Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca.

            Y la seguridad en la cercanía del Señor, que debe ceñir toda la vida cristiana, la concreta en tres aspectos: la alegría confiada y pacífica, en toda circunstancia; la superación de toda preocupación y angustia; la oración de súplica y acción de gracias al Dios de la paz.

            Pablo prisionero, que vive en comunión con Jesucristo, cree y espera su venida final y definitiva. Sabe que la presencia y acción de Cristo, que nos acompaña, penetra cada dimensión de nuestra vida. ¡Aquí radica el secreto de la alegría del creyente!

            ¿Qué diferente frente a otros prisioneros? Ovidio desterrado escribía que “nada puede hacerse sino llorar”, mientras que Pablo prisionero recomienda a la comunidad cristiana de Filipos: “Estad siempre alegres en el Señor; de nuevo os digo, estad alegres”.

            Muchos hombres y mujeres ante el sufrimiento y los contratiempos se desesperan y se vuelven tristes, aquellos penetrados del Espíritu de Cristo presentan su vida como una ofrenda a Dios y descubren una oportunidad para vincularse más a Cristo y “saben esperar”.

             El convencimiento de que Dios viene a nosotros, razón definitiva para la esperanza y la alegría, motiva un cambio de nuestra condición y posibilita un giro total de conversión a nuestra vida. Así lo advierte Juan Bautista en su predicación para “preparar el Camino al Señor”.

            Juan propone cambio concretos en la vida de cada uno de nosotros, que siguen siendo necesidades previas para la venida del Señor:

*Para la insolidaridad, que es la base y el origen de la desigualdad, se propone compartir (consejo a las multitudes: “el que tenga dos túnicas

*Para la explotación, que engendra toda clase de odio entre los humanos, se propone la supresión de cualquier espíritu de injusticia (Consejo a los recaudadores: “No exijáis más de lo establecido)

*para controlar la violencia de quien detenta el poder político y militar, se propone la no violencia y el evitar la injusticia que proviene de la insaciable ambición de poseer y dominar (consejo a los soldados paganos: “no hagáis extorsión a nadie…)

FINAL:  

¡Vivamos en este tiempo de Adviento con alegría el encuentro con Jesucristo y preparemos nuestra vida para acoger al “Señor que vendrá”, rompiendo desde la disponibilidad todo aquello que rompe nuestra fidelidad y nuestro seguimiento!

            ¡Anunciemos que Dios viene desde un corazón agradecido con alegría, oración, paz interior, mesura y templanza ante las cosas!