SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO. CICLO A

XXXIV  DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.

 JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA:  

 Hoy celebra la Iglesia la solemnidad de Jesucristo, rey del Universo. Es como la fiesta que corona todo el año litúrgico. Es una fiesta para celebrar que Jesucristo es el Señor. En él reconocemos al primogénito de entre los muertos; a la cabeza de la humanidad y de la Iglesia. En él todo ha sido la llamada a la plenitud, y por él todas las cosas serán consumadas cuando Dios sea “todo en todos”.

Vamos a celebrar la eucaristía en esta hermosa festividad de Jesucristo, nuestro rey.

ACTO PENITENCIAL  

      1.- Buen Pastor, que buscas a la oveja perdida. SEÑOR, TEN PIEDAD.

         2.-Señor de la vida, primer resucitado de entre los muertos. CRISTO, TEN PIEDAD.

         3.-Rey glorioso, que volverás para darnos posesión de tu Reino. SEÑOR, TEN PIEDAD.

    

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Ez 34,11-12.15-16):

        Ezequiel cambia la imagen del rey por la del pastor. Y nos dice: “Mirad, nuestro rey, el Señor, es un pastor que busca a las ovejas, sigue el rastro de las ovejas dispersas, hace volver a las descarriadas. Escuchemos atentos la palabra de Dios.

 MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (1 Cor 15,20-26.28):

        San Pablo nos habla del reinado de Cristo, que empieza con su resurrección. Todos resucitaremos con él. Y todos estaremos en su reino glorioso una vez que haya sido aniquilada la muerte.

  MONICIÓN AL EVANGELIO (Mt 25,31-46):

        El discurso de Jesús sobre la realidades últimas termina este día, con la manifestación de Cristo, como supremo Pastor, Rey y juez de todos los hombres; su juicio será concordé con el criterio del trato que cada uno dio al prójimo en esta vida. 

PETICIONES:  Respondemos a cada petición: (VENGA A NOSOTROS TU REINO, SEÑOR).

        1.-Para que la Iglesia sea sacramento del reino con la palabra y la vida de todos sus fieles. OREMOS.

        2.-Para que el Papa apaciente como pastor universal la fe, la esperanza y el amor de todos sus hermanos. OREMOS.

         3.-Para que Cristo congregue a los hombres de todas las naciones y los lleva a la salvación. OREMOS.

4.-Para que los hombres de todos los pueblos se reúnan en la fraternidad, la justicia y la paz. OREMOS.

         5.-Para que los marginados, los desterrados, los enfermos, los encarcelados, los que sufren hambre y sed, encuentren el reino de justicia y amor. OREMOS.

         6.-Para que nuestro rey Jesús quebrante las armas de la guerra y traiga la paz a los pueblos. OREMOS.

         7.-Para que nosotros reconozcamos siempre a Jesucristo como rey y pastor de nuestras vidas. OREMOS.

MONICIÓN A LAS OFRENDAS: 

    Señor, con el pan y el vino queremos ofrecerte nuestra vida y decirte: a quienes somos cobardes, danos tu valentía; a quienes somos hipócritas, danos tu sinceridad de vida; a quienes somos comodones, danos tu látigo; a quienes somos egoístas y envidiosos, danos tu entrega; a quienes somos insensibles, danos tu vivencia sobre tu Padre. SEÑOR, HAZNOS OFRENDAS DE AMOR Y DE CONVERSIÓN.

 MONICIÓN AL PADRE NUESTRO:

 Jesús, rey y pastor nuestro, préstanos hoy tu corazón y tus labios, para que pidamos al Padre con tus mismas palabras el reino que tú nos prometes: PADRE NUESTRO…

   MEDITACIÓN

 1.-Dios no te preguntará qué modelo de coche usabas… te preguntará a cuánta gente llevaste.   

2.-Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa… te preguntará a cuánta gente recibiste en ella. 

   3.-Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu    armario… te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.

 4.-Dios no te preguntará cuán alto era tu sueldo… te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo.  

5.-Dios no te preguntará cuál era tu título… te preguntará si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad. 

 6.-Dios no te preguntará cuántos amigos tenías;… te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.   

7.-Dios no te preguntará en qué vecindario vivías;… te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.

  8.-Dios no te preguntará el color de tu piel;… te preguntará por la pureza de tu interior.

 

Pautas de la Homilía.

 

INICIO.  

1.-Celebramos el último domingo del año litúrgico: la fiesta de “Jesucristo, Rey del Universo”, culminación de todas las fiestas del Señor a lo largo de todo el año.    

2.-La fiesta de Cristo Rey nos invita a poner a Cristo en la entretela de nuestra historia, en el corazón de todo lo que sentimos, somos y vivimos. ¡El es el amigo que nunca falla!

DESARROLLO:  

1.-El profeta Ezequiel  nos presenta un Dios sorprendente: como un pastor que sigue el rastro de su rebaño y que busca a cada uno siguiendo su rastro. ¡A pesar de nuestro abandono y lejanía, el nunca nos da la espalda y tiene paciencia con cada uno de nosotros!

*El Señor busca a los suyos, para amarlos y curarlos. Nunca falta el amor de Dios.

2.-San Pablo en la segunda lectura nos recuerda que Cristo ha vencido a la muerte y se ha declarado Rey de la vida mediante su Resurrección gloriosa. ¡El será nuestro juez con justicia y misericordia!

3.-El evangelio de hoy, que procede el capítulo 25 de San Mateo, guarda coherencia con los evangelios de los anteriores domingos: Jesús nos ha ido dando consejos para que vigilemos nuestra actitud ante el tiempo que llega (la parábola de las diez vírgenes), y nos ha invitado a poner en práctica nuestros talentos o dones porque el tiempo está cerca (la parábola de los talentos). Pero hoy la advertencia tiene efectos de sentencia definitiva: el juicio universal para iniciar lo eterno. .

*Como nos recuerda el evangelio, la realeza de Jesucristo se manifestará de forma plena y definitiva al final de los tiempos.

*Dios se identifica con el hambriento, con el sediento, con el desnudo, con el enfermo y con el preso. Pero ¡Cuánto nos cuesta ver en los desheredados el rostro de Cristo!    

*Escucha este cuento de León Tolstoi: “”Érase una vez un zapatero remendón, llamado Martín. Vivía solo, era piadoso, leía todas las noches la Biblia. Una noche soñó que se le aparecía Cristo y le decía: “Martín, mañana voy a venir a visitarte. Asómate por la ventana para abrirme cuando venga”. Aunque se trataba de un sueño, Martín se impresionó. Por si fuera verdad, a la mañana siguiente, desde primera hora, estuvo pendiente, mirando a través de la ventana.              

   Muy temprano vio un barrendero que estaba quitando la nieve de las entradas de las casas. Le llamó y le ofreció una taza de té caliente. Mientras el barrendero, tiritando, sorbía el té, Martín seguía mirando por la ventana. “¿Está usted esperando alguna visita”, le preguntó el barrendero? “No”, contestó Martín y le contó el sueño. “Siga usted mirando; tal vez venga. Adiós, y muchas gracias”. Al mediodía, todavía el frío era intenso. Vio pasar a una mujer con un niño en brazos llorando de frío. Les llamó y les dio la sopa bien caliente que tenía preparada para él. Seguía mirando por la ventana, y la mujer le preguntó: “¿Espera alguna vista?”. “No”, le contestó y le contó el sueño. “Siga usted mirando; tal vez venga. Adiós y muchas gracias”.                                             

      Atardecía el día de invierno; Martín seguía mirando por la ventana. Y vio una vendedora ambulante a la que un muchacho le había robado una manzana. En aquel momento la mujer había agarrado al muchacho. Martín salió corriendo, convenció a la mujer de que lo perdonara y al muchacho le reprendió de tal modo que pidió perdón a la mujer y se puso a vender con ella.                                                                                         

     Se hizo de noche. Martín cerró su casa y volvió de nuevo a la lectura del Evangelio. Mientras leía oyó una voz que le llamaba: “¡Martín, Martín!”. Levantó asustado la cabeza y vio al barrendero de la mañana que le sonreía y se iba. Volvió a la lectura, y otra vez oyó que le llamaban: “¡Martín, Martín!”. Y vio a la mujer con el niño en brazos, que le sonreían. Y vio a la verdulera y al ladronzuelo, que le sonreían. Martín se echó a llorar. Cristo le había visitado tres veces aquel día. “Porque cuando tuve hambre, me distéis de comer….”.

*No olvidemos que, como decía san Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida… nos examinarán del amor”.

FINAL:  

   1.-Supliquemos ayuda al Espíritu Santo para que nos ayude a ver en el rostro del enfermo, del hambriento, del que sufre, el rostro de Cristo.

   2.-Miremos a la Virgen María, la mujer caritativa, que nos enseñe a crecer en caridad y en amor hacia el prójimo.                                                         

3.-Recordemos las palabras hirientes de Cristo ante aquella pregunta de los rechazados, “Señor, ¿cuánto te vimos hambriento,  y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuánto te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuánto te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” : “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo”.