XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.  

XXVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO A.  

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA:

Nuestra reunión de creyentes es una expresión de fe. La fe nos reúne, y aquí se expresa y se alimenta. Nos reunimos alrededor de la mesa de la Eucaristía, sintiéndonos invitados por el Señor mismo. Hemos respondido a su llamada y nos disponemos a gustar la alegría y la paz que Dios mismo tiene preparadas en su Reino para todos los que quieran participar en él.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA (Is 25,6-10):

La vocación de todos los pueblos a participar en la fiesta eterna del Mesías, había sido ya profetizada con la imagen del banquete, como aparece en la primera lectura de esta misa.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA (Flp 4,12-14):

San Pablo agradece la ayuda de los Filipenses, para aliviar sus penalidades en la cárcel. Dios lo recompensará, mientras que el apóstol se adapta a cualquier situación, pues como dice, “todo lo puedo en aquel que me conforta”.

MONICIÓN AL EVANGELIO (Mt 22,1-14):

Isaías había anunciado un convite preparado por el Señor para todos los pueblos. Jesús anuncia la llegada del Reino de los cielos como un gran convite, al que todos están invitados. La condición para existir es aceptar la invitación de Jesús y acudir a la fiesta con el vestido de una vida nueva, de un corazón humilde y sincero.

 

PETICIONES:  

1.- Para que la Iglesia sea hogar de misericordia para todos los hombres ROGUEMOS AL SEÑOR.

2.- Para que las comunidades de religiosos y religiosas sean para todos un ejemplo de entrega y fidelidad. ROGUEMOS AL SEÑOR.

3.- Para que los que viven hundidos en el mal encuentren una mano amiga que les ayude a levantarse. ROGUEMOS AL SEÑOR.

4.- Para que los que, movidos por su afán de poder, provocan las guerras y el hambre en el mundo, se conviertan y aprendan a amar. ROGUEMOS AL SEÑOR.

5.- Para que los fieles difuntos sean acogidos en la casa del Padre. ROGUEMOS AL SEÑOR.

6.- Para que el Señor perdone nuestros pecados y nos dé la gracia de vivir como hijos suyos. ROGUEMOS AL SEÑOR.

7.- Para que el mes de Octubre, el mes misionero, el mes del Domund, sensibilice a toda la Iglesia en dimensión  misionera. ROGUEMOS AL SEÑOR.

8.- Para que el Señor nos conceda la lluvia que tanto necesitamos. ROGUEMOS AL SEÑOR.

 

MONICIÓN A LAS OFRENDAS:

Cristo no tiene manos, tiene sólo nuestras manos para construir un mundo nuevo donde habite la justicia. Cristo no tiene medios, tiene sólo nuestra acción para lograr que todos los hombres sean hermanos.

PADRE NUESTRO:

He llamado a tu puerta, Señor, y queremos decirte PADRE NUESTRO. Padre Nuestro, Padre de Jesús, tu enviado; Padre de todos los bautizados, pasados, presentes y futuro. QUEREMOS DECIRTE CON JESÚS LA ORACIÓN QUE NOS ENSEÑÓ.

 

MEDITACIÓN:

Lo positivo y lo negativo.

1.-Para todas las cosas negativas que nos decimos… Dios tiene una respuesta positiva.

2.-Cuando decimos: es imposible…Dios dice: “Todo es posible” (Lc  18,27)

3.-Cuando decimos: Estoy cansado… Dios dice: “Yo te aliviaré” (Mt 11,26-30)

4.-Cuando decimos: Nadie me quiere… Dios dice: “Yo te amo” (Jn 3,16; 13,34)

5.-Cuando decimos: No puedo continuar… Dios dice: “Mi gracia te basta” (2 Cor 12,9; Salm 91,15).

6.-Cuando decimos: Estoy confuso… Dios dice: “Yo enderezaré tus caminos” (Prov 3,5-6).

7.-Cuando decimos: No puedo más… Dios dice: “Lo puedes todo” (Fil 4,13)

8.-Cuando decimos: No merezco que me perdonen… Dios dice: “Yo te perdono” (1 Jn 1,9; Roma 8,1)

 

 

Pautas de la Homilía.

 

INICIO.

*Cada Eucaristía es un don precioso para la Iglesia que necesita la presencia del Señor en medio de ella para mantenerse fuerte y confiada en medio del mundo.

*Somos convocados para escuchar su Palabra y participar en la “fracción del pan”

 

DESARROLLO:

1.-El festín o la comida es el símbolo bíblico del Reino de Dios, preparados para todos: la salvación de Dios es para todos porque el amor de Dios es universal  e incondicional.

*El texto del profeta Isaías anuncia un festín de manjares suculentos “para todos los pueblos”: Dios no hace acepción de personas y nos invita a participar en su fiesta.

2.-Cada Eucaristía anticipa el “banquete de bodas” que esperamos al final.

*Compartir la comida es signo de fraternidad y de alegría.

*También los israelitas celebraban la cena pascual, recuerdo y actualización de la liberación de Egipto.

*Todos somos invitados pero no todos responden positivamente a la invitación:

*Examinemos nuestras Eucaristías: ¿Venimos vestidos de fiesta?, ¿Qué celebramos en cada Eucaristía?, ¿Estamos en comunión con Dios y con los hermanos?, ¿Tomamos conciencia que cada Eucaristía nos compromete a ser constructores de un mundo donde reine la paz, la justicia y el amor?…

3.-San Agustín nos dice que la fe es un don que recibimos en el Bautismo y muchos han recibido el sacramento del altar, pero no todos llevan el vestido nupcial: ¿Cuál será ese vestido nupcial?

*San Pablo nos presenta en el Himno a la Caridad una serie de cosas extraordinarias (lenguas de los hombres y de los ángeles, ciencia y profecía, fe para trasladar montañas, distribución de bienes a los pobres…) pero puede faltar el vestido nupcial y nos pueden echar fuera: “si no tengo caridad de nada me sirve”

4.-San Pablo hace referencia a la razón y al sentido esencial de su vida: “todo lo puedo en aquel que me conforta” (Cristo)

*¿Cuál es la razón y el sentido último de nuestra existencia y el motor de nuestros actos?

5.-No olvidemos que Jesús en esta parábola se dirige a los enemigos de Cristo, a los que se escandalizan de que Cristo admita en su Reino sin condiciones a los excluidos y a los marginados.

 

FINAL:

*Intenta mirar a la Virgen María para poder hacer realidad en nuestros ambientes el evangelio.

*Supliquemos a Dios que rompa nuestra indignidad y podamos tener “nuestro traje nupcial”, es decir, una vida repleta de amor hacia Dios y al prójimo.

*Sintámonos contentos porque somos invitados al banquete nupcial, la Eucaristía, donde Cristo nos invita siempre.